martes, 30 de mayo de 2023
Tormento
No me abandonan los sueños donde tu apareces, aunque en esta ocasión apareces cambiada, es como si tuviera la certeza de que asi es, ya la ternura de tus gestos se diluyó en el tiempo, y solo queda un rigor propio de un orgullo y una egolatría que supera con creces el amor que antes nos prodigábamos, lo cierto es que tales visiones me llenan de tristeza, y esa tristeza no me abandona, es mi mas fiel compañera, y acampa en las noches en las que no he podido ver mas allá de la luz de mi habitación.
¿encontraré la manera de conjurar esos sueños? O me sumiré en ellos como en el pozo del fango de la desesperación, ¿siempre seré un enfermo de la mente? Tengo que decir que me siento triste por mi destino, quisiera que la muerte me tocara pronto, y asi no tener que vivir tantos días vacíos, tantas tardes sin sentido, tantas horas en espera de un milagro que no pasará…
Pero creo que soy muy cruel conmigo mismo, en el fondo sé que no puedo sucumbir a mi emocionalidad. A mi ser irracional, y que no se si mejores, pero buenos tiempos si me aguardan, y estos merecen ser vividos, a pesar de todo, del desastre, de la mancha gigantesca que parece ser mi depresión, yo estoy aquí dispuesto a vivir, por inercia o por valentía, pero quiero vivir.
martes, 23 de mayo de 2023
estoy viejo
Uno no se da cuenta, pero envejece, la piel se cae y se pliega, y algunos de esos pliegues a su vez se doblan. No es de extrañar que algunas personas solo adviertan los síntomas de la edad cuando se tropiezan con las limitantes de no ser los mismos de antes, ahora tropezarse es un problema serio, caerse puede ser mortal, aun caerse de pocos centímetros podría ser el fin de lo que se conoce como vida.
Al autor de estas líneas lo han acusado en varias ocasiones de creerse mas joven de lo que es, por el contrario, siempre he sentido un peso de mas en mi cuerpo, como si la edad que llevo no fuera la mía, sino la de un anciano, siempre prevenido, poco enérgico, apocado, aplanado por el peso de los años, y las cosas no pintan distinto a mis cuarenta y tantos años.
Preguntas me nacen en la cabeza ¿quedan cosas por decir que no hayan sido dichas? O todo es una eterna repetición de la repetidera, como si el infierno no tuviera llamas ni gusano que nunca muere, ni tampoco rechinar de dientes y “ayes”, sino un disco rayado que resuena por la eternidad en la misma frase, es como yo capto lo que llamaría la enfermedad de la edad adulta, donde los que son desdichados tienen que tragarse sus palabras tantas veces repetidas, para excretarlas tantas veces por la boca en forma de viejos gracejos, o de chistes sin donaire alguno.
Lo que me deja pensativo de esta adultez que cada vez es mas tardía, es no solo que uno se convierta en un aparato repetidor de dichos sosos como si de una lora vieja se tratara, sino de la poca importancia que se va dando a uno mismo, hasta convertirse en un mueble viejo, desvencijado de esos donde cuelgan las ropas que no se han secado, de esos donde ya no hay lustre o reparación que valga, sino que son llevados a la condena del reciclaje, o desamparados en una esquina hasta que un habitante de las calles les de otro uso, asi de “valenada” nos volvemos.
Oh bella adolescencia donde creía que siempre iba a encontrar inspiración en las tardes, en la lluvia, en el sol, en las noches, o en la mirada de la juventud, ahora me son tan ajenos y tan lejanos como las historias que antaño veía sobre la segunda guerra mundial, las cuales veía y apreciaba como lejanísimas, y antiquísimas, pensaba yo.
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