miércoles, 23 de abril de 2014

Jardin secreto

Por lo general, el ser humano nace con un mundo interno latente que va alimentando, en el están sus miedos, sus deseos, sus fantasías, sus demonios y sus ángeles, dentro del están vivas las mitologías que él decida dar por vivas, pero la edad no pasa en vano, el yo que es considerado invencible, el ego divino que es incapaz de toda maldad y cuyas actuaciones las hace en pro de un destino supremo y una verdad inequívoca, da lugar  a nuevos pasos, se abre una grieta frente a los campos elíseos que anidan en la mente del infante.

Pero si bien es cierto, ninguno deja de cultivar, algunos llenan de malas hierbas su jardín secreto, y otros, día a día hacen limpieza del tal, es inevitable que haya entre las cosas, algunas que no se puedan arrancar de raíz, pero ¿qué es el hombre que no puede recurrir a la fantasía? el hombre es inherente a la imaginación, a la construcción de otros mundos, de zonas paralelas donde las normas y las leyes físicas cambian, se desafía eternamente lo que parece de obligatoriedad.

¿Quién entre los vivientes conoce ese lugar? algunos lo pierden tras sepultarlos en toneladas de escandalosas basuras, otros lo reemplazan por imágenes y normas fantásticas que no son las suyas, la religión, por ende, toda religión, llámese budista o musulmana, busca colocar un paisaje igual en el corazón de cada hombre, cuando cada uno construye su cielo, que lejos se está de conocer el cosmos...


¿Dónde está el niño que caminaba en los recónditos paisajes de su imaginación?

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