miércoles, 8 de junio de 2016

La recuerdo...

Y su aroma me llega todos los días, tan real como cada día, iba en su uniforme verde policía al colegio, que francamente no provocaba mayor cosa, pero era su mirada y su sonrisa lo que me cautivaba, llevaba tiempo levantándome a esa hora solo por saludarla, mientras me tomaba el tinto de la mañana, esperando a que llegaran los trabajadores de la hacienda, ahí estaba esperando el bus escolar, y el "hola" risueño que siempre me daba, incendiario y seductor, pero no entendía mi atracción hacia ella.


Un día, saqué mi carro, y la vi parada en la esquina, ya muy entrada la mañana para llegar a clase, le pregunté si estaba bien, y me dijo: "no, no ha pasado el bus" me ofrecí a llevarla, y  ella se hizo a mi lado, llevaba una sudadera que le marcaba sus caderas, y un trasero que quería evitar mirar de frente, solo eran 15 kilómetros, pasaría rápido, pero en mitad de camino, un camión nos cerró, y ella termino sobre mí, ante la maniobra que tuve que hacer para salvarnos la vida, entonces me percate de su respiración, y sus ojos negros mirando los míos, no me había dado cuenta que la estaba abrazando, al parecer ella no estaba incomoda, fui yo el que sugirió que era bueno volver a su lugar, la dejé ahí, a la puerta del colegio.


Una noche de esas, solitarias en el campo, en el que solo se escucha el "cric" de las cigarras y el croar de las ranas, alguien toca a mi puerta, era ella, vestida con un traje de falda corta y escote pronunciado, me dice "buenas vecino, necesito hacer labores de practica agro aquí, ¿me permite hablar con usted?" yo claramente perturbado, y preguntándome porque no vino más temprano, y que hacia una muchachita como ella a la media noche en un chalet solitario, la dejé entrar, mis ojos se desviaron a sus senos, que no podía haber adivinado en su uniforme lelo, eran unas enormes gotas de lagrima, que tenían los pezones apuntando hacia arriba, y se juntaban en su escote haciendo una hermosa curva, ella se sonrió y yo me avergoncé de verla de tal manera, y la invité a sentarse.

Pero al sentarse, pude ver sus piernas, y notar su entrepierna, su trasero tenía una hermosa forma de corazón, y su cintura la hacía ver tan deseable, que jamás hubiera pensado que al verla perdería la cabeza, a mi lado con las piernas casi al desnudo comenzó a contarme lo que necesitaba, pero no pude entenderle, hablaba y hablaba hasta que me sujetó del rostro y me dijo "¿estas entendiendo lo que dije?" yo me quedé mirándola como un torpe, y su mirada y la mía se entrelazaron, luego ella, siguió hablando, acercándose mas hacia mí, se dejó caer sobre mi torso, y en ese momento sentí que una terrible fuerza quería romper mis pantalones, que vergüenza, no podía disimular el ardor, pero como pude seguí mostrándome insensible a sus provocaciones que ya me tenían a punto de ser derrotado.

después de una hora donde mi mente no pudo ordenar un solo pensamiento, y mis ojos no dejaron de recorrerla, al fijarme la hora, le dije "es muy tarde, ¿no es hora de irte a casa?" a lo que ella respondió "es cierto, venia también a agradecerte lo que has hecho por mi" entonces me besó, y le respondí como era, puso sus labios sobre los míos con tal violencia que golpearon los míos, pero en lugar de dolor, sentí excitación, y aunque manó sangre de ellos, nos seguimos besando, ya no pensaba, era un animal, y ella, había venido expresamente a despertar aquella bestia dormida dentro de mí.


Se sentó en mi regazo, abrió las piernas y pesos sus pechos sobre los míos, yo la tome de la cintura y le subí la falda, haciendo contacto pelvis contra pelvis, ella ahogada por la excitación, comenzó a rebotar fuerte contra mí, y mi dolor no se comparaba con el placer, estaba por venirme, entonces mi pene salió de mis pantalones por el roce constante de los dos cuerpos, y ella lo asió con su mano como una palanca, lo acarició, yo mordía sus labios de rabia y de placer, cuando corrió un poco su interior, y la penetré, así vestidos en medio de la sala, a luz puesta, y tan tarde en la noche, no se me ocurrió pensar que sus padres podían estar buscándola, solo seguimos en va y viene de la cabalgata que ella como amazona me brindaba, nos abrazamos sudorosos, mientras ella decía "había deseado esto hace rato, desde que te vi, supe que tú eras para mi" yo la callé con un beso y cerré sus ojos, la acosté boca arriba, y en medio de sus pantis mojados puse mi lengua para saborear el sabor de su coño, que hermoso contacto tenía con sus labios y su clítoris, pero esta vez no me detuve solo ahí, sino que recorrí la comisura de sus nalgas con la lengua, ella gritó de placer, tan fuerte, que en toda la vereda debieron escuchar nuestra copula, yo entraba y salía sin parar, y ella se sujetaba de sus senos y me acariciaba la cabeza, besé el agujero de su culo con vehemencia, y ella me enterraba con sus manos,  pidiendo más, entonces me dijo  apartando sus nalgas y abriendo el agujero de su culo con los dedos "ven, sé que lo deseas, y yo esta noche lo anhelo" entonces mi glande brincó más fuerte, y ella pareció cerrar los ojos, cuando comenzó a entrar, al principio duro, pero luego mi pene se abrió como un paracaídas dentro de su trasero, y ella gimió, que hermoso era ver las redondeces de ese trasero en forma de corazón tragárselo todo, y fue ella quien comenzó a moverse, de arriba a abajo, en círculos, y a gemir, sus tetas habrían crecido unos centímetros mas, y sus gritos desaforados pudieron haber despertado toda la vereda, yo hace rato había perdido la conciencia, y ella me empujo más hacia su interior, me susurraba cuando mordía mi oreja "más duro, dale más duro, esta noche es nuestra" y yo sentía que no podía mas, entonces se puso encima mío, y de nuevo se clavó en mi pene, centímetro a centímetro, de con la ropa empapada por sudor, grito "quiero tu leche amor" la agitación fue tan fuerte que el sofá en el que estábamos se partió pero el frenesí de la locura no paró, y justó en ese momento, me vine dentro de las entrañas de una desconocida, a la que solo había saludado un par de veces, ella siguió, aunque mis huevos estaban secos de la cantidad de leche que había soltado, nos quedamos dormidos esa mañana, ella no fue al colegio, y mis empleados no llegaron, en vez de una taza de café sentí su cálida boca succionando mi miembro, y es así como nos levantamos cada mañana.


jueves, 2 de junio de 2016

Esa tarde...

En mis años mozos sentía ese palpitar de la carne tan fuerte, tan soberano, tan indecible, que una cosa era lo que yo decía, y otra, el dominio que tenia de mis impulsos, esa continencia en mí, era igual a -1, darle valor de cero sería demasiado, yo Pablo Armendáriz manejaba un taxi aquella noche, por eso de no seguir estudiando, pero querer tener con que complacerme, nadie me dijo que tenía que sobrevivir, solo quería dedicarme a los placeres de la carne, y tener rubro para sustentarlos sin pedirle a mis padres.

La casa, mi casa, la de mis padres era un rectángulo rocoso en un barrio popular, amplia y profunda, tanto lo era, que jamás sospecharon de mis bacanales en mi habitación, las horas fumando cigarrillo, tomando vino, o jugando al doctor con mis vecinas y ex compañeras de estudio, ellos nunca estaban, trabajaban todo el día, y en la noche refunfuñaban y dormían, caían como zombis frente al televisor, y luego morían en sus camas por unas horas, el día y la noche eran míos, mis otros hermanos eran islas, mundos diferentes y nos comunicábamos por cortesía, un "hola" en el pasillo, y un "hasta mañana" en la noche.

Una noche, esa noche, esa oscura y fría jornada de trabajo, pasaba por la avenida que iba hacia el mar, y ahí estaba una chica, tendría cara de apenas unos 16 años, pero se desdibujaba en su ropa un cuerpo esplendido, unos senos enormes, en forma de lagrima, turgentes y sugestivos, que querían salirse de su ancho chaleco, tenía la piel más perfecta que jamás había contemplado, subió al carro y dijo "llévame al centro" vagamente, como si no tuviera destino, algo en ella irradiaba misterio, escondía sus manos en unos guantecitos negros de cuero, y no mascullaba una sola palabra, sus dientes tenían forma de conejo, pero estaban tan bien acomodados que provocaban en mi un leve hormigueo dentro de mi pantalón, estaba embobado mirándola de reojo, mis hormonas estaban descontroladas y había perdido la razón por completo, tenía ese aroma aceitoso de los girasoles, junto con una fragancia dulce de lavanda que entorpecía mis sentidos, quería devorar ese aroma, y me agitaba pensar en ello.


Conduje sin mayor dialogo hasta llegar a la plaza principal, y parquee sin miramientos, le pregunté: "ahora hacia donde nos dirigimos" me dijo "espera aquí, ya regreso" fueron tres horas que maldecía por ser un estúpido loco que esperaba a una niña que no regresaría y que habría de habérmela jugado para transportarse gratis, ¿qué mierda hacía yo en un parque a media noche solo y sin dinero? pero a las 3 de la mañana ella volvió, con una botella de vino y unos cigarros, su aliento a licor me decía que había festejado suficiente, pero caminaba de manera templada y sosegada, como si apenas acabara de salir de su casa, me dijo: "llévame a tu casa" y así fue.

A esa hora, nadie estaba despierto, entramos sin hacer mayor ruido, y nos dirigimos a la última habitación, ella me besó sin miramientos al abrir la puerta de mi cuarto, y metió su mano debajo de mi pantalón sin mediar palabra, ya estaba empalmado de hace horas, y la dureza de mi miembro no la sorprendió, atinamos a cerrar la puerta, pero la luz de la luna llena entraba por mi ventana, y podíamos vernos a media luz, comenzó a morderme el cuello, y las orejas, mi sangre latía a mil y mis rodillas se doblaban de placer, fue el beso más misterioso que he tenido, entonces cayó su saco y pude contemplar su piel blanca, ante la luna, como una aparición, pero enloquecí y empecé a recorrerla con mis labios, hasta quedar de rodilla ante sus senos, y mamarlos como un recién nacido, sus gemidos fueron cortos pero certeros, le fui quitando el pantalón mientras estaba de pie, y llevaba un panty de encaje negro, me sorprendió no haber descubierto que tenía el trasero más bello del mundo, parado, redondo, grande, solamente igualado por sus piernas gruesas y firmes, entonces la levanté entre mis brazos, solamente sostenida por ellos y mi entrepierna que encajaba gloriosamente en la suya.

La llevé hasta la cama con delicadeza, y solo corrí un poco su ropa interior para sumergirme en un plácido sexo oral, no sentía asco, solo un infinito placer, y su aroma me hacía querer entrar más profundo en ella, tenía el coño depilado y con un olor a frutilla que nunca habría adivinado en ninguna otra mujer, su respiración se aceleró y comenzó a suspirar, me sujetaba con sus piernas a sus labios vaginales, y sus manos agarraban mi cabeza fuerte para que no parara, mi lengua entumecida entraba y salía hasta que tuvo un orgasmo incontenible que bebí como sediento en el Sahara,  solo entonces ella me dijo "ahora voy por ti". y me empujó hacia la almohada, yo estaba obnubilado, pensaba que aun si ella no me tocara, estallaría en cualquier momento, era demasiado lo que sentía, el resquicio de la puerta se abrió y aun así, no intente detenerla, nadie estaba allí, solo pude contemplar a la luna embelleciendo el panorama, ahora veía su culo en pompa, mientras ella acariciaba mi pene con su boca, y lo lamia como una gatita, no quería que parara, le sujeté el cabello, y me tomó tiempo darme cuenta que sus ojos eran totalmente negros, y que no era en realidad una mujer normal, parecía más bien una gata, pero a estas alturas, yo también comencé a gemir.

De un momento a otro, su coño rosadito se puso sobre mi glande ya inflamado, y encajó graciosamente, centímetro a centímetro, era lo más hermoso que había visto, ella se recostó a mí, y sus enormes pechos se friccionaban a mi pecho, estaba en el paroxismo de mi éxtasis, la sujete de sus nalgas para hacer más fuerte el impulso de su pelvis, sentía que ya estaba por acabar, pero ella se irguió sobre mí, como una hermosa amazona cabalgado en la oscuridad, ya no me importaba nada, era tocar el cielo, me había olvidado de todo, hasta de mí, ella comenzó a rasguñarme con fuerza, y la sangre comenzó a brotar de mi piel, pero yo era un poseído que no entendía de dolor, solo de placer, en ese momento, logramos el orgasmo juntos, y ella, siguió moviéndose hasta mucho después de tranquilizarme un poco, así es como, medio inconsciente, seguimos haciéndonos el amor por horas, probándolo todo, haciéndolo como si hoy muriéramos, y mañana no hubiera más placer, hasta que saliendo el sol ella me dijo" Págame", y yo sorprendido le dije "no sabía que tenía precio", "todo tiene su precio tonto", saco una fina daga de su bolso y me cortó el cuello, y comenzó a beber de él, no dolió, lo juro, y cada noche ruego porque vuelva.