sábado, 21 de noviembre de 2015

La guerra y los hombres...

Dentro del imaginario colectivo está ese prejuicio del hombre bélico listo para la guerra, niños con armas toman su rol, la fantasía del asesino musculoso que enfrenta a las masas malignas con sus escasas balas, no hay una guerra donde el sexismo no llegue, el machismo ordena al hombre a marchar, y el feminismo se queda callado, imaginando como se goza ser destrozado por una bala, o como los "machirulos" siguen tranquilos viendo morir a los demás y esperando la muerte que les hiela la piel, y les pasa rozando a mordidas de plomo.

Debe ser "divertido" eso de perder una pierna, un brazo, un ojo, o quedar loco (lo último no me cuesta tanto imaginarlo) y ser descartado como si fuera un condón viejo, todo se soluciona llamándolos héroes, ¿cuestionar yo la guerra? es imparable,  los intereses de los poderosos y la política es algo que me tiene sin cuidado, suba quien suba al poder, seguirá siendo poderoso, y el poderoso toma su papel y solo mueve los hilos de la humanidad a capricho, alguien tiene que morir, alguien tiene que perder su razón, las guerras son cosa de toda la historia.


Lo que quiero expresar es que el hombre (el macho) no es un privilegiado, nadie quiere morir de la manera en que se sacrifica un guerrero, quien tiene que buscar ideales en su miseria, para ir a enfrentar a otro, por ideales, por intereses o por mezquindades, la guerra es un infierno, el único infierno, que se guarda muy adentro de las cabezas para helar la sangre y quemar los sesos con llamaradas incesantes, que alimenta el gusano del terror que nunca muere, y el rechinar de dientes que no cesa tan siquiera de noche, entre pesadillas y sudores fríos.


Cuando una mujer te dice "checa tus privilegios" responde "ve a la guerra", yo no he ido, y sin duda, no sobreviviría un día, no llamaría asesino a un hombre que se ve constreñido a enfrentarse a otro, al final, los privilegiados que son enterrados en pedazos o mutilados en hospitales, no pueden protestar, no tienen voz.


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